domingo, 13 de noviembre de 2011

La dama blanca.

Hoy solamente quiero estar solo,
sin ninguna compañía mortal
ni tampoco imaginaria.
Deseo estar aislado de todos.
Solo yo y mi agonía,
sufriendo por mis pecados.
Aumentando los sentimientos.
Derramando lagrimas en la soledad.
Apago todas las luces,
ya no quiero ni la compañía
de mi oscura sombra.
Desde hoy se dirá que he muerto,
nadie me volverá a ver.
Y todos en el pueblo sabrán
que ni la compañía de la vida deseo.
¡Una lagrima desea acompañarme!
pero, como tantas otras,
la salada demostración de tristeza
se escurre por mi mejilla
y cae al suelo para convertirse,
al igual que sus antecesoras,
en otro triste recuerdo.
Mi corazón ya esta ahogado,
a más no poder,
por las lagrimas de mis ojos
que aun extrañan la compañía de los tuyos.
¡Fuimos tan felices juntos!
pero ta no somos nada.

Puede ser que mi única
y leal compañera es la soledad.
¡Ho! blanca dama de los perdidos.
¡Ho! blanca dama sin rostro,
cuando tocas a alguien con tus frías manos
solo traes viejos recuerdos
a la mente de tus victimas.
Eres la victimaria de todos los suicidios,
la secuestradora de todas las pobres almas
que bagan por la vida sin compañía.
La única que estará acompañando a alguien
cuando nadie este.
Tu compañía es la más dolorosa
y conocida del mundo entero.
El hombre que diga que
nunca ha sufrido soledad solo miente.
¡Ho! soledad,
tus amantes son los peor vistos por todos,
y, lamentablemente, me has atrapado.

¡No deseo a nadie aquí!
Mi condena es esta tortura,
la he impuesto yo por el pecado
de no haberte sabido amar.
¿ Puede alguien entender ha un hombre
que no desea ninguna compañía,
solo la de la mujer que ama?
¿Puede alguien entender que
estando cuerdo he elegido sufrir la soledad
pues no hay castigo más grande para mí
que ya no poseer al ángel que amé?
¿Puede alguien entender
que me he desecho de todo
porque todo me recuerda a ella?
Puede que nadie me entienda,
solo los que sufrieron lo mismo que yo
podrán entenderme.
Todas mis fortunas ¡todo!
ya no vale la pena
si no poseo al mayor de los tesoros
terrestres y celestiales
de este planeta de oro y plata:
Su amor.
Ni siquiera el mismo Pluton
podría entregarme
una riqueza más grande.

¡Y en todos lados se hará correr la voz
de que un solitario hombre yace
muriendo en el suelo de su hogar!
Su única compañera es la soledad
y la única pena por la que paga
es no haber sabido amar bien.
¡Corran la vos!
de que en mi tumba,
la más fría de todas,
solo se hallara una rosa solitaria.
Y una leyenda;
"Aquí yace el torturado
preferido de la dama blanca,
el que nunca supo lo que era
no tener nada hasta que lo perdió todo,
en su triste corazón".
Solamente deseo estar solo
yo, tu recuerdo y
la dama blanca llorando por mi.
                                                Camilo C. Cárdenas

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